Hace unos días o meses, ya no lo recuerdo, que hemos empezado a construir y a forjar un libro, no de aquellos de los que se leen sino de los que se forjan con acciones y hechos, y que si se escribe se lo hace con la sangre que el profundo dolor de las heridas del alma ha abierto. Y ahí estaba, lo vi después de varios meses entre rejas, allí encerrado. Más duro había sido para mí entrar a la monstruosa prisión que para él, que ya llevaba unos años... y seguía contando. Su angustia era grande, pero su esperanza era aun mayor, no reclamaba nada a nadie, ni a sus compañeros y menos a su familia, solo le bastaba su mate y sus libros, esos que tantas veces recogía y recopilaba hojita por hojita del piso, consecuencia de las sucesivas incursiones del servicio penitenciario al pabellón. Sobre la cama se asomaba La guerra y la Paz de León Tolstoi ¡qué paradoja!
Imposible le resultaba olvidar tantos golpes y vejaciones que intentaban destruir todo aquellos que los carceleros no poseían, la dignidad. Y angustiado, aburrido por el hastió de los días, muchas veces hambriento y con frío, seguía allí destruyendo y creando. “Destruir es crear” desde hace mucho años Bakunin había tallado con un martillo esta máxima en nuestra cabeza, más bien en nuestros corazones.
La noticia de la condena nos sorprendió a todos, pero una él seguía pensando “cuando salga…”
Una esperanza de locos de libertad, el amor y en porvenir del hombre le hacían posible pasar los segundos, minutos y horas que allí casi estáticamente transcurrían. Nunca podré olvidar un poema de Pushkin que allí, en su celda, había escrito la pared.
“Una pesada cadena cae por la borda / los barrotes de la celda ceden/ y gritos de liberación, llenos de emoción, te dan la bienvenida/ y tus hermanos… te extienden una espada”
Pero la monotonía de la vida carcelaria tocó a su fin. Una de las peleas entre presos devenía en un motín, el primero de Devoto con él adentro. En principio me invadió la preocupación sobre su estado, pronto me reanime y recordé las palabras de Amanecer Fiorito “existe gesto más bello para la libertad que un preso buscándola por la fuerza”, vaya si este era un método auténtico de alcanzar la libertad, sin intermediarios, sin legalismo ni reclamos institucionales, simplemente todos los presos a una sola voz forjando la palabra LIBERTAD. Las numerosas rejas que atravesaba para llegar a su pabellón y que creía inquebrantables, cedían ante el entusiasmo rebelde. Reja por reja iban siendo destruidas, candados “palanqueados”, fuego y diversos pasillos iban ganándose al servicio penitenciario.
Desde afuera la misma ilusión atravesaba a los familiares y amigos, soñando e imaginando la salida que los conducía a eso que venían soñando desde hace tanto, tomaban la justicia en sus manos, la hacían posible, y hacían trizas la institución más denigrante para el hombre y la mujer. También denunciaban las precarias condiciones de encierro, el consumo excesivo de alcohol de los carceleros y muchas otras reivindicaciones.
El viernes del motín era distinto al resto de los días, resulta difícil comprender el alcance y la fortaleza que este bello gesto de rebeldía da, es la revolución del preso, la esperanza del todo, es el deseo de alzar con sus manos la libertad tan ansiada.
Pero allí seguía y con una mueca sonriente pensaba y decía “y cuando salga…”, y si querido compañero cuando salgas continuaras siendo el mismo entusiasta agitador con una esperanza indestructible en la especie. Y cuando salgas… serás una brújula para todos nosotros, ya se acerca la hora compañero, no lo dudamos, apresuraremos el reloj de alguna forma para enseñar y aprender tantas cosas juntos en los días y noches que desesperados ansían tu regreso reclamando más hechos y menos palabras.
Pero allí seguía y con una mueca sonriente pensaba y decía “y cuando salga…”, y si querido compañero cuando salgas continuaras siendo el mismo entusiasta agitador con una esperanza indestructible en la especie. Y cuando salgas… serás una brújula para todos nosotros, ya se acerca la hora compañero, no lo dudamos, apresuraremos el reloj de alguna forma para enseñar y aprender tantas cosas juntos en los días y noches que desesperados ansían tu regreso reclamando más hechos y menos palabras.
Primavera de 2008
A.A